Museo de la paz
12.11.2015 08:33
El inicio del conflicto: La Guerra Civil Española
17-20 de julio de 1936. En sólo cuatro días sobrevino el caos. Las primeras horas trajeron inseguridad, miedo e incertidumbre. En algunos lugares hubo violencia en las calles, momentos de locura colectiva en los que cada grupo intentó aniquilar a su adversario... Poco a poco, empezó a ser evidente hasta qué punto había cambiado la realidad. Ya no era posible coger un ferrocarril a cualquier parte, algunos no podían comunicarse con sus seres queridos, otros intentaron pasar inadvertidos y muchos quisieron huir y no pudieron.
El bombardeo de Gernika
Los guerniqueses vivieron los estragos de la guerra desde el principio, aunque durante los primeros meses la campaña bélica no alteró drásticamente el ambiente vecinal que se respiraba en la villa. En un primer momento la normalidad sólo se vio alterada por algunas detenciones. Luego, los jóvenes guerniqueses empezaron a alistarse en los batallones de gudaris. Siguió la movilización de las primeras quintas, la militarización de empresas locales y el racionamiento.
A medida que el frente se acercaba, se incrementaban los efectos directos de la guerra. Llegaron los primeros refugiados civiles y pasaron batallones de gudaris en retirada. Se instaló un hospital de sangre en el Colegio de las Carmelitas. Las noticias de primera mano sobre el desarrollo de la contienda se mezclaban con rumores alarmantes. El 31 de marzo de 1937 el ejército de Franco bombardeó Durango y el temor empezó a cundir entre la población. Las autoridades locales ordenaron la construcción de diversos refugios antiaéreos. Así llegó el día 26 de abril de 1937. Lunes. Día de mercado.
Gernika después de la Guerra: El franquismo y la represión.
Durante los primeros años del franquismo se llevó a cabo la reconstrucción de Gernika. En ella participaron los presos políticos, instalados en el colegio de los Padres Agustinos y personas libres asalariadas. Los trabajos duraron cinco largos años y, paradójicamente, el responsable último de la destrucción de Gernika, Francisco Franco, fue nombrado hijo adoptivo de la ciudad.
La reconstrucción de los edificios y el diseño de nuevas calles y jardines no llegó a reparar todo lo que se había destruido. El ambiente vecinal que se respiraba en Gernika antes de la guerra quedó enrarecido durante mucho tiempo. El franquismo instauró una dura represión ideológica y cultural. Se impusieron nuevas normas y nuevas conductas; las denuncias y los registros estaban a la orden del día y nada escapaba al escrupuloso examen de la Guardia Civil. Los guerniqueses tuvieron que afrontar el miedo, la desconfianza y los recelos mutuos. Nadie les devolvió la Gernika abierta y entrañable que ellos habían conocido.
Pese a todo, durante los años de la dictadura Gernika no dejó de ser el símbolo de las libertades vascas y en 1964 la celebración del Aberri Eguna reunió a dos mil personas en la villa.
Hacia la Reconciliación.
La reconciliación es hoy en día una herramienta básica en la resolución de conflictos y, como tal, su significado es rico y a la vez complejo. Aún así, todos entendemos que reconciliar quiere decir convertir en amigos a los que antes habían sido enemigos. Para ello es necesario que el agresor reconozca su culpa y acepte la responsabilidad de los actos del pasado.
Gernika es hoy en día un ejemplo de reconciliación avanzado; el proceso no ha llegado a su fin pero su andadura es larga. En sus orígenes tuvo que hacer frente a serios déficits, ya que Alemania tardó en dar los primeros pasos para reparar el daño causado.
El reconocimiento de la implicación alemana en el bombardeo de Gernika no llegó hasta 1997, cuando el presidente Herzog envió una carta a los supervivientes en la que admitía la implicación de Alemania en el ataque aéreo de 1937. Este acto simbólico fue el fruto del trabajo de muchas personas e instituciones; el resultado de innumerables gestiones, esperanzas y desazones. Hoy en día los guerniqueses, hermanados con la ciudad alemana de Pforzheim, desarrollan nuevas vías de entendimiento y de apoyo mutuo con el pueblo que un día fue su agresor. No se ha hecho justicia, pero se ha abierto el camino hacia la reconciliación, manteniendo vivo el recuerdo de Gernika.
